
Me desperté sobresaltada y sudorosa, otra vez la misma pesadilla. Me levanté con cuidado de la cama y anduve hacia el salón. Sin proponérmelo, me vi reflejada en el espejo. No podía creer lo que veían mis ojos. Mi pesadilla era cierta. Llevaba puesto aquel estúpido vestido blanco, con su larga cola arrastrando tras de mí.
En ese momento, vi el viejo revólver de mi asqueroso y ahora real marido sobre la mesita. Lo tomé entre mis manos. Tras pensármelo un segundo, apunté con él a mi propia sien. Esa noche tenía que acabar todo. No podía vivir de ese modo, no así.
Conté hasta tres. Uno..., dos..., ¡tres!.
Bajé con sumo cuidado el arma, subí corriendo las escaleras de vuelta al dormitorio y le disparé.
Autor: Pablo A. Miralles
Autor: Pablo A. Miralles
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